Mtra. Janet Huerta Estefan
“Ayúdame a buscar la verdad, no me la impongas. Tu verdad búscala tú, la verdad la descubriremos juntos.” Olga Sánchez Cordero
La semana pasada asistí a un Congreso de Facultades de Derecho. Sin duda fue una gran oportunidad para reflexionar sobre algunas de las tendencias educativas así como la mentalidad con la que se dirige la cúpula de la educación jurídica del país.
Durante el evento tuve muchos sentimientos encontrados, por un lado un gran entusiasmo al ver algunas instituciones que están a la vanguardia en las nuevas tendencias educativas como lo es la educación a distancia, la educación virtual y la evaluación por competencias. Sin embargo también me dio tristeza encontrarme con escuelas que forman alumnos con grandes deficiencias y que inclusive, se resisten a incorporar las tecnologías de la información como parte obligatoria de sus programas cuando, hoy en día, resulta imperativo el manejo de éstas para un mejor desenvolvimiento de los profesionistas.
En especial se tocó un tema que siempre me ha interesado y es que el reconfigurar el paradigma educativo requiere no sólo de cambios a nivel administrativo, en programas o en formas de evaluación sino de un cambio cualitativo en la interacción en el salón de clases en donde el alumno y el maestro toman un nuevo rol.
Este paradigma le otorga muchas libertades tanto al maestro como al alumno pero con la libertad llega la responsabilidad, así que también ambas partes deben asumir la responsabilidad del aprendizaje.
Ya no existe la figura de un maestro dando clases con un sistema de comunicación unidireccional sino que el salón se vuelve un espacio de intercambio colaborativo en el que el maestro se convierte en una especie de mentor que guía el proceso de aprendizaje. Hoy en día los maestros no deben enseñarle al alumno sino aprender a aprender con él. Ya no hay verdades impuestas sino opiniones, debates y sobre todo razonamiento.
Todos estos cambios suceden porque tenemos alumnos 3.0. Un joven de la era digital ya no se puede conformar con ir a escuchar una clase cuando toda su vida ya es interactiva. Como bien comentó la Ministra Olga Sánchez Cordero en una conferencia que dio en el evento, el estudiante de hoy le dice al maestro: “Ayúdame a buscar la verdad, no me la impongas. Tu verdad búscala tú, la verdad la descubriremos juntos”.
En el modelo educativo del siglo pasado, el maestro dedicaba su tiempo de clase a compartir, y a veces dictar datos duros que hoy el alumno tiene a su disposición a un click en la web. Antes nuestro cerebro servía para acumular información que hoy podemos guardar en enormes cantidades en dispositivos tecnológicos que consultamos en cualquier momento desde cualquier latitud. Entonces el enfoque de la educación cambia de la memorización al desarrollo de competencias y cuestiones más prácticas que sirven para desarrollar habilidades necesarias para enfrentarse a la vida afuera del salón de clases.
En el caso del derecho, se comentó que los abogados que están siendo formados, salen de sus facultades sabiendo de leyes (aunque a veces ni eso) y probablemente algunos hasta se sepan de memoria la Constitución (es ridículo seguir viendo en escuelas que un examen consista en recitar artículos cuando en cualquier dispositivo de almacenamiento digital se pueden traer todas las leyes y códigos existentes). Sin embargo son pocos los que se gradúan sabiendo argumentar, negociar o habiendo desarrollado habilidades de oralidad que hoy en día son imprescindibles para dejar de ser un simple PROFESIONISTA y convertirse en un verdadero PROFESIONAL en la materia.
La mayoría de los profesionistas repiten y afirman pero no argumentan ni interpretan. En los foros y debates jurídicos, políticos y de cualquier índole, quien posea argumentación oral llevará ventaja sobre sus pares, al saber expresar y debatir sus ideas.
Otro factor que ha debilitado el desarrollo de cualidades de argumentación, síntesis e investigación es la eliminación de la tesis que se dio en muchas universidades simplemente por razones de aumentar matrícula (e ingresos) al hacer más fácil la adquisición de un título. Uno de los indicadores de eficiencia de las universidades (para poder obtener varias de las certificaciones), es el número de graduados que tienen y la tesis era uno de los obstáculos para que mucha gente se graduara. Al quitarla y tener más graduados, aumentaron su indicador e irónicamente su “nivel de excelencia académica”. A mi parecer, fue un error garrafal ya que representa una salida fácil que no permite a los alumnos tener más práctica en las habilidades mencionadas, antes de salir al “campo de batalla”.
Adicionalmente, se ha vuelto más frecuente la práctica del “copy – paste”, sin sanción estricta por parte de las instituciones educativas, y ha reemplazado muchas de estas competencias. Puede ser que dicha práctica saque al alumno de apuros o le ayude a mantener una calificación en su boleta sin darse cuenta que al ganar una calificación fácil está perdiendo habilidades que el día de mañana le representarán una verdadera desventaja en el desarrollo profesional.
Considero que todas las carreras deberían contener materias que se vinculen a desarrollo de competencias como comunicación efectiva y argumentación y no estaría mal que metieran por ahí alguna de ortografía, otra herramienta de la que en verdad carecen muchos de los egresados de las mejores escuelas del país.
Para ilustrar este nuevo paradigma educativo les dejo una propuesta de vanguardia de Salman Kahn, “Reinventando la Educación”
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